Thursday, September 5, 2013

EL CARTEL DE LA HABANA. Parte II




 POR JUAN F BENEMELIS


A mediados de los ochenta, el término narcoterrorismo se transformó en algo concreto. Un desempeño especial en este nuevo engendro lo tuvo uno de los jefes máximos del Cartel de Medellín, Pablo Escobar. El temido colombiano llegó a un arreglo con Castro, mediante el cual el Cartel recibía bases para sus operaciones a cambio del suministro de amplios fondos a las guerrillas del M-19 colombiano. Además, el gobierno cubano suministrará al Cartel de Medellín equipos y material químico como acetona y éter etílico, que adquiere en Hamburgo, Alemania. Estas sustancias son ingredientes básicos para producir el clorhidrato de cocaína.
    Bajo la protección de la marina cubana, Escobar estableció sus cuarteles generales en Paredón Grande, en la costa norte de Cuba. El funcionario cubano exilado Oscar Valdés, hermano de Ramiro Valdés, miembro del buró político del PCC, ha declarado que él mismo le sirvió de guía a Escobar cuando éste visitó a Castro en Cuba1. A raíz de la liquidación de Escobar en una operación de rastreo del gobierno colombiano en 1994, se incautó una grabación donde el narcotraficante aludía a una reunión que había coordinado entre comerciantes de la droga y Raúl Castro.
    El segundo al mando de las operaciones entre Escobar y Castro era el fugitivo norteamericano Robert Vesco. Figueres, ex presidente de Costa Rica, había dado refugio en ese país al estafador y narcotraficante Vesco, quien había huido de Estados Unidos en 1973 con $212 millones de dólares. Con posterioridad, Figueres intercedería con Castro para que aceptase la estadía de Vesco en Cuba cuando las autoridades de Las Bahamas lo estaban presionando para que abandonase el país.
   Vesco era utilizado desde 1978 por Castro en actividades de narcotráfico. Vesco residía en el puerto de Barlovento cerca de La Habana. En Barlovento tiene Castro fondeado uno de sus yates personales, el Yagüaramas, en el que sale de pesquería frecuentemente con Vesco a las aguas del Caribe. Los contactos de Vesco eran el tenebroso personaje chileno Carlos Alfonso (Max Marambio) y el funcionario cubano José Luis Padrón.
    Los sandinistas también se beneficiaron del arreglo entre Cuba y el Cartel. En sus viajes a Managua, Escobar utilizaba aviones de la fuerza aérea cubana; siempre se mostraba generoso con los cubanos a los que hacía regalos frecuentemente, como el millar de pistolas checoslovacas que les envió en la Navidad de 1984.
    En el juicio contra el general Ochoa, según la acusación del fiscal, se sostuvo en La Habana una reunión con enviados de Escobar donde se había hablado de instalar una fábrica de cocaína en Angola, y de montar una operación de falsificación de dinero a través de ese gobierno, el cual tendría que obtener el papel. También reza en la acusación que los colombianos habían decidido abrir una empresa en Panamá que les diese cobertura para el movimiento del barco Jennipher en todo el contexto caribeño.
    En el careo durante el juicio Ochoa-de LaGuardia salió a relucir la solicitud hecha por el zar del cartel colombiano Pablo Escobar al gobierno de Cuba en cuanto a adquirir alrededor de 10 equipos lanzacohetes tierra-aire, y la posibilidad de que se le mantuviera un avión de reserva en caso de urgencia2. De acuerdo con el fiscal, la estrategia aérea también fracasa por el descontento de Escobar, que sospecha que los cubanos le habían estafado en varios cargamentos. Se relató la forma en que Tony de LaGuardia había recibido un avión cargado de drogas en la base militar de Santa Clara, y cómo el primer cargamento de cocaína fue desembarcado en la pequeña área militar del aeropuerto de Varadero.
    En marzo de 1984, el Ministro de Defensa de Colombia, Gustavo Matamoros, expresó que la "pasta" entraba en Colombia de contrabando desde Bolivia y Perú para ser convertida en cocaína que luego se transportaba por avión a Cuba. Matamoros declaró explícitamente que era de conocimiento público que los aviones salen de Colombia llenos de cocaína y regresan de Cuba cargados de armas para las guerrillas del M‑19, y que Cuba recibía en pago por esta operación el 10 porciento del embarque.
    Asimismo, un operativo cubano fue establecido en El Salvador para ayudar en el traspaso de armas. El general checo Sejna recuerda que en una conferencia celebrada en Moscú donde se discutía el grado de ayuda que se brindaría al Partido Comunista salvadoreño, los soviéticos solicitaron a los cubanos que proveyesen recursos de los fondos que ya se obtenían de las operaciones de narcotráfico en El Salvador3.
    El ex sandinista Pastora describió la actitud de Castro hacia el tráfico internacional de drogas, a partir de su actual apoyo al mismo, como parte del objetivo de desestabilizar la sociedad americana. Apuntó Pastora que Castro recomendaría a los sandinistas a que siguieran su ejemplo4 "cuando Tomás Borge y otros miembros del Directorio Nacional estábamos en Cuba en 1982, Fidel Castro realizó algunos comentarios concernientes a las drogas y a su tráfico.  Antes, los cubanos capturaban a los traficantes y los entregaban, ahora, nos dijo Fidel, ellos pueden ir y hacer lo que quieran, mientras nos dejen algún dinero. [V]amos a blanquear a esa gente con cocaína; y Castro encomendó a Tomás [Borge] que hiciera lo mismo".
    El testimonio de Pastora también arrojó que en la Isla de Maíz, cerca de la costa nicaragüense, existía un intenso tráfico de drogas con Colombia. Pastora admitió haber presenciado los aviones que allí aterrizaban para hacer el trueque de droga por armamentos, y recordó haber visto a Humberto Ortega en una ocasión enviar saquitos de cocaína y píldoras de LSD a ese aeropuerto.
    Según declaraciones del convicto narcotraficante Lehder, tras la disputa de mayo de 1984 entre el Cartel y Noriega sobre el laboratorio de Darién, Cuba instruyó a Piñeiro de hacer los arreglos necesarios para que él, Escobar y otros miembros del Cartel moviesen sus bases hacia Nicaragua5. Y, añadió Lehder6 "los cubanos estaban a cargo de la operación de la cocaína en Nicaragua y los nicaragüenses no movían un dedo si no se lo decían (los cubanos)".  
    En agosto de 1984, el ex diplomático nicaragüense Antonio Farach testimonió ante un subcomité del senado norteamericano que los altos niveles del gobierno nicaragüense estaban envueltos en el narcotráfico a través de la conexión colombiana y boliviana, permitiendo incluso el uso del aeropuerto de Managua y otorgando pasaportes nicaragüenses a los traficantes. Farach reveló también que las embajadas nicaragüenses tenían instrucciones de proporcionar cobertura y apoyo a organizaciones terroristas, como el M-19, la FARC y la OLP. Según reza en su testimonio, la primera vez que supo de tales sucesos fue en septiembre de 1981 durante una visita de Raúl Castro, cuyos objetivos secretos conoció.
   De acuerdo a Farach, los cubanos, ya con experiencia y conexiones en el tráfico de drogas, buscaban garantizarle a sus socios una vía razonable y segura de tránsito por Nicaragua. Farach apuntó que Humberto Ortega fue designado como hombre clave en los operativos de contrabando de drogas hacia los Estados Unidos. La oficina de inmigración y naturalización de Nicaragua, controlada en su totalidad por cubanos, se encargó de suministrar la documentación necesaria.
    Entre los traficantes que sostenían relaciones con altas figuras sandinistas estaba James Herring, un norteamericano que servía de asesor en el establecimiento de la producción y el transporte de la cocaína. Herring había sido reclutado y presentado a los cubanos y a los nicaragüenses nada menos que por Vesco, y viajaba entre ambos países acompañado siempre por altos funcionarios de La Habana o de Managua.
    Otro protagonista era Ubi Dekker, seudónimo de un traficante europeo de  hashish, fugitivo de la INTERPOL, quien enseñó a los sandinistas rutas ilegales entre Nicaragua y Europa. Luego de su arresto, Dekker testificó que el gobierno cubano resolvía la seguridad, facilidades, recursos humanos y todo lo necesario para el tráfico de drogas, y que existía una estrecha vinculación entre Cuba y Nicaragua. Otro destacado personaje en el narcotráfico sandinista era Alvaro Baldizón, miembro de la inteligencia nicaragüense.
    En 1981, el narcotraficante Guillot-Lara sostuvo una reunión en Méjico con guerrilleros del M-19 en la que recibió también una visa nicaragüense que le posibilitó abandonar Méjico.  Poco después, a principios de 1982, los sandinistas negociaban la venta de un avión DC-6 al cartel de Medellín. La operación que encausó a Guillot-Lara en 1984 fue dirigida contra la organización de contrabando de drogas Gómez‑Zapata, cuyo cuartel general se hallaba en Barranquilla. A fines de julio de 1983, las autoridades canadienses arrestaron al diplomático nicaragüense Rodolfo Palacios, por posesión de cocaína. La policía comprobó que Palacios era parte de una amplia red de traficantes cuyos contactos llegaban hasta el mismo Ministro del Interior sandinista Borge.
    Un espía de la DEA7 infiltrado como piloto en el Cartel, realizó viajes de Colombia a Managua en que transportó 1,500 libras de cocaína. Allí fue recibido por Federico Vaughan, alto oficial del Ministerio del Interior y asistente de Borge, y por Escobar, que disfrutaba de la hospitalidad nicaragüense. El 25 de junio de 1984, el mismo agente realiza otro viaje de Managua a Miami con cocaína, en el curso del cual pudo fotografiar a Vaughan.
   La documentación fotográfica determinó que a mediados de julio de 1984, un Gran Jurado Federal en Miami aportase pruebas incontrastables contra once personas, entre ellas el nicaragüense Vaughan, Borge, y los colombianos Escobar y Jorge Luis Ochoa. El piloto traficante, transformado en agente de la DEA, declaró haber recibido del propio Borge dos aviones para los vuelos hacia Estados Unidos. También presentó pruebas de un laboratorio de cocaína en Nicaragua a disposición del Cartel.
    Si aún cabía duda del papel nicaragüense en todo este engranaje diabólico, un hecho fortuito vino a confirmarlo; el 19 de abril de 1985, la estación costarricense Radio Impacto anunció que las guerrillas anti-sandinistas habían destruido la Casa Colorada, antigua mansión de Somoza en el área del Crucero. En la villa habían hallado un enorme laboratorio de cocaína.
    Lehder, el colombiano del Cartel que desde Las Bahamas había establecido un tráfico de cocaína, testificaría, el 20 de noviembre de 1991 en el juicio de Noriega que altos ejecutivos del gobierno de Cuba, entre ellos el Ministro de Defensa Raúl Castro, habían ayudado a los esfuerzos del Cartel de Medellín para introducir la cocaína en los Estados Unidos durante la década de los ochenta. Lehder denunció ante el jurado que él mismo realizó varios viajes a Cuba entre los años 1981-1983, y que en dos ocasiones se entrevisto con Raúl Castro y con el coronel Tony de LaGuardia.
    La inteligencia cubana obtendría mediante los contactos del traficante Carlos Lehder aviones para el uso personal de Castro, que estarían estacionados en el aeropuerto habanero José Martí8. En su testificación ante las autoridades norteamericanas Lehder explicó que había donado un avión a Raúl Castro, y que había pagado a funcionarios cubanos por el permiso de sobrevolar el espacio aéreo y poder utilizar Cayo Largo como punto de reabastecimiento9. Lehder también testificó que sostuvo entrevistas personales con Vesco en Cuba y en Nicaragua en sus esfuerzos por establecer una ruta a través de ambos países. En mayo de 1984 Lehder tuvo que refugiarse en Nicaragua, junto con otros cuatro miembros del Cartel, tras haber sido implicados en el asesinato del Ministro de Justicia de Colombia, Rodrigo Lara.     Las conexiones en Nicaragua las facilitó Vaughn. Por último, Lehder declaró que el principal contacto entre el gobierno de Colombia y el Cartel era López Michelsen, jefe del Partido Liberal, cuyas campañas políticas el Cartel había financiado. Fue precisamente el testimonio público de Lehder en 1987 lo que desencadenó los procesos en Cuba mediante los cuales Castro trataría de salvar su responsabilidad del narcotráfico ante las posibles acusaciones de un alto miembro del Cartel. Castro usaría de chivo expiatorio al general Ochoa.
    El 25 de octubre de 1985, el Diario de Las Américas informó acerca de la existencia en Colorado, al oriente de Cuba, de una planta de procesamiento de drogas adquirido en Alemania Oriental. En esa instalación el gobierno cubano procesaba cocaína, qualudes y otras sustancias tóxicas. Aseveró el diario que la materia prima era transportada casi siempre en aviones cubanos para ser procesada en Cuba.
    El diario expresaba que Cuba se había convertido en "el Banco" del tráfico de drogas en América Latina. El Banco ha funcionado como una institución financiera y los productores giran contra él en operaciones que pueden implicar armas o dinero. En ciertas embajadas claves se tramitan las órdenes de compras y se cierran las operaciones.  El Banco entrega la mercancía en la forma que requiera el distribuidor, y cuenta con sucursales en Panamá, en Nicaragua y en Perú. Uno de sus dirigentes es el uruguayo Alberto Fresne, quien desempeñó un papel determinante en la decisión de su gobierno de restablecer relaciones diplomáticas con La Habana. Junto a ese personaje forman parte de la directiva de El Banco los altos funcionarios cubanos Aragonés, Cienfuegos, Aníbal Velaz y Antonio (Pupo) Padrón.
 EL CONTRABANDO
  Si bien era conocida la colaboración cubana en el narcotráfico, y era rastreado por algunas agencias especiales del gobierno norteamericano, ello no era del dominio público. Desde el encauzamiento en Miami del grupo de funcionarios cubanos, un manto de silencio se había tendido sobre la isla de Cuba. Hasta un día de agosto de 1986 en que el general John R. Galvin, director del comando sur de Estados Unidos, expresaba10 "según mis convicciones personales, basadas en informaciones que he tenido, Cuba se halla implicada en el narcotráfico, aún cuando Fidel Castro diga que no".
    Las autoridades de aeronáutica civil de la Florida informaron entonces que en 1987, alrededor de 300 vuelos ilegales se habían encaminado a La Habana. En abril de 1987 la revista US News & World Report se lanzó a un reportaje con detenimiento donde señaló que el gobierno de Cuba accedió a procesar cocaína en 1984 para el narcotraficante colombiano Lehder.
    Otro hecho vino a alertar a los medios publicitarios norteamericanos. En noviembre de 1985 se desmantela una red de contrabando de cocaína en Estados Unidos conectada al M‑19 colombiano. En la requisa efectuada en un almacén de la barriada de Pembroke Park, en el Condado de Broward, se encontrará una lista de sesenta y dos páginas con unas 1,000 frecuencias radiales usadas por diversas entidades de Estados Unidos, que incluían los escuadrones caza de la Fuerza Aérea, el Servicio Secreto, los sitios de pruebas de cohetes experimentales del gobierno, el avión del presidente Reagan -Air Force One- y su limusina, así como los canales del Departamento de Justicia reservados para la protección del presidente11.
   El hallazgo era muy inquietante: el hecho de que grabaciones tan delicadas pudieran estar en manos de delincuentes sólo podía explicarse involucrando a Cuba, único país en este hemisferio capaz de propiciar tales informaciones a la guerrilla del M‑19 y a los narcotraficantes.
    Durante el juicio "Ochoa-la Guardia" salieron a relucir operaciones de narcotráfico donde incuestionablemente estaba implicada la alta dirigencia del gobierno cubano por las áreas donde se realizaron. El aeropuerto militar de Varadero; la zona de Villa Tortuga en Varadero, reservada para una mansión de Castro y ultra-controlada; la marina Barlovento, reservada al turismo extranjero, que es objeto de una vigilancia especial por la seguridad del estado12.
    Entre tales operaciones figuraron las siguientes: En abril de 1987, 400 kilos de coca fueron descargadas de un avión por Varadero, almacenadas en una mansión de Villa Tortuga y luego reembarcadas a una embarcación. A fines de 1987 un avión aterrizó en Varadero con 500 kilos de coca, y realizó la transferencia de la carga en tres embarcaciones que se dirigieron a Estados Unidos. En febrero de 1989 fueron lanzadas por un avión 500 kilos de coca a 14 millas del faro Cruz del Padre; el avión aterrizó en Varadero para reabastecerse de combustible mientras dos embarcaciones rápidas atendían la operación de recogida y trasbordo en Punta Hicacos. En marzo de 1989 unos 400 kilos de coca fueron lanzadas por un avión a veinte millas de la bahía de Cádiz. En abril de 1989 arribó una embarcación con un cargamento de coca en las aguas territoriales del norte de Cuba; luego de recibir reparación en la marina de Barlovento, se dirigió a Varadero donde realizó el trasbordo de la carga en un pequeño islote13.
   En enero de 1988, Blandón, ayudante del general Noriega pide asilo en Estados Unidos, y presenta pruebas documentales de la concurrencia directa de Castro en el tráfico de drogas. El 16 de ese mismo mes un jurado federal en Miami abrió una causa contra 17 traficantes; en el mismo Cuba aparecía como punto de tráfico intermedio del contrabando de cocaína desde Colombia. En 1988 la banda había sido infiltrada por agentes secretos norteame ricanos que se hicieron pasar por compradores y lograron grabar en audio y video sus entrevistas. El traficante Reinaldo Ruiz y su hijo Rubén aparecen en el video expresándole a un agente encubierto de la DEA cómo Cuba garantiza el tránsito de los cargamentos de cocaína a través de la Isla. Ruiz habla, además, de lo que había que pagarle a Castro.
    El expediente relata con detalles dos ocasiones en las cuales Rubén Ruiz había volado desde Colombia hasta el aeropuerto militar de Varadero con 500 kilos cada vez. En la primera ocasión de la visita de Ruiz a Cuba en abril de 1987, la droga había sido descargada por personal militar y luego transportada a un muelle y cargada en un barco de nombre Florida que fue escoltado por guardacostas cubanos hasta que salió de las aguas territoriales de Cuba. El 9 de mayo, Ruiz hizo otro vuelo similar durante el cual su avioneta cargada de cocaína fue escoltada por un MiG cubano hasta que aterrizó en el aeropuerto de Varadero. En una de las conversaci ones grabadas se dice textualmente que el dinero de este último cargamento había ido a parar a las manos de Castro.
    En las grabaciones se descubrió cómo el servicio de guardafronteras de Cuba vigilaba los estrechos entre la isla y la Florida, para asegurarse que los traficantes pudiesen evadir las lanchas patrulleras de Estados Unidos. Se documentó también cómo la Fuerza Aérea y los guardacostas cubanos brindaban protección a los traficantes que realizaban la transferencia de la droga en puntos de la Isla para su remisión a los Estados Unidos.
    Se hacían cuatro operaciones quincenales. El tráfico involucra un creciente número de pequeños aviones que surcan el espacio aéreo cubano rumbo al sur de la Florida escoltados por las fuerzas aéreas cubanas. De regreso toman tierra en Varadero para abaste cerse de combustible. Algunos aviones aterrizan directamente en las bases militares cubanas.
    Otras avionetas lanzan la droga en bolsas fosforescentes impermeables que son recogidos por lanchas rápidas que luego se dirigen hacia los Estados Unidos. La droga viene encubierta en cajas de cigarrillos  Marlboro, o cajas de computadoras Epson. Luego se reenvasa en Cuba en cajas de tabaco por la facilidad de ese comercio ilegal. El intercambio se realiza cerca de la bahía de Cienfuegos y del puerto de El Mariel. Asimismo se han utilizado los fondeaderos de las tropas especiales del Ministerio del Interior en Jaimanitas y también en Barlovento.
    Los lancheros se mueven libremente en las provincias occidentales de Cuba. En el juicio de "Ochoa-LaGuardia" salió a relucir que muchos de ellos eran autorizados para ir a visitar a sus familiares en la isla, y que en algunos casos se les permitió transportar a familias que introdujeron ilegalmente en Estados Unidos.
    En 1988, el papel de Cuba en el comercio de narcóticos quedó nuevamente expuesto con las declaraciones de dos altos oficiales de los servicios secretos cubanos: Juan A. Rodríguez Menier quien había roto con La Habana mientras prestaba servicios diplomáticos en Hungría, y el mayor de la contrainteligencia Azpillaga que había desertado en Austria. Menier detalló como el gobierno de Cuba participaba en el narcotráfico a través de las Tropas Especiales. A su vez apuntó que en una ocasión el Jefe de la Inteligencia, general Germán Barreiro, le dijo que las drogas resultaban "una de las mejores maneras para destruir a los Estados Unidos".
    En agosto de 1989, Menier hizo declaraciones nuevamente donde acusó a Castro de estar personalmente al tanto del negocio de la droga. Apuntó además que la corporación CIMEX resultaba el instrumento por el cual Castro recibía el 80 porciento de los beneficios en moneda convertible.
    A principios de los ochenta, el centro turístico de Cayo Largo al sur de Cuba fue acondicionado para estas operaciones bajo la dirección del coronel Armando Urra, quien fungiría como contacto principal con los narcotraficantes. Bajo la dirección de José Abrantes, el entonces Ministro del Interior, Urra había suministrado protección a los narcotraficantes desde 1978.
    Comenta Azpillaga que en Cayo Largo se estableció también el centro operacional del fugitivo norteamericano Vesco, desde donde se realizaron las negociaciones con los narcotrafi cantes. El mayor Azpillaga expuso cómo las actividades de droga eran fiscalizadas personalmente por Castro y ejecuta das por Abrantes, por el coronel Urra y por el general Pascual Martínez Gil.
    Azpillaga expresó que Abrantes y su viceministro Martínez Gil lo asignaron en la contrainteligencia para operar un transmisor en La Habana a través de una banda radial de onda corta y usando claves convencionales, para mantener comunicación directa con grupos de traficantes en Colombia y así evitar que Estados Unidos captara las señales radiales entre los cubanos y los narcotraficantes.
    En abril de 1989, durante la causa en su contra en las cortes federales de Jacksonville, Florida, Lehder mencionará con persistencia la relación comercial de Castro con varios narcotraficantes conocidos, como Vesco. La confesión de Lehder dejaban en evidencia el uso del territorio cubano: ya no podían existir más dudas de la actividad de un nutrido grupo de altos funcionarios cubanos en el tráfico de drogas hacia Estados Unidos, ni tampoco del conocimiento tácito de Fidel y Raúl Castro sobre estas actividades.
    Existían ya presiones exteriores por parte de Estados Unidos, por algunos países de la América Latina, y también de la Unión Soviética para que Fidel Castro pusiera fin a su participación en el narcotráfico con el Cartel de Medellín. Todo parece indicar que Washington solicitó al entonces presidente de la Unión Soviética, Gorbachov que intercediese con Castro. Gorbachov llevó a la agenda de su viaje a La Habana, en febrero de 1989, el espinoso punto del trafico de drogas en el Caribe.
    Antes de la visita del mandatario soviético, su portavoz oficial, Guennadi Guerasimov, declaró en conferencia de prensa que tanto Gorbachov como Castro tratarían en las conversaciones, además de los temas normales de las relaciones cubano-soviéticas y la crisis latinoamericana de la deuda exterior, el tema del tráfico de drogas.
    El 12 de mayo, Estados Unidos anunció que boicotearía la celebración del Octavo Congreso de la ONU sobre prevención de crímenes, trafico de drogas y lavado de dinero a realizarse en Cuba. A principios de junio el gobierno de Londres había entregado a funcionarios norteamericanos copias de documentos financieros del Banco de Crédito y Comercio Internacional que no sólo mostraban transacciones relacionadas con el narcotráfico, sino también involucrab an al panameño Noriega.
    Para 1989, además, culminaba una operación limpieza de las autoridades colombianas contra los narcotraficantes como respuesta al asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán. En una barrida en la ciudad de Medellín fueron arrestados 27 cubanos que portaban falsos pasaportes costarricenses. Por otra parte, gracias al trabajo realizado por un doble agente infiltrado por Estados Unidos, existían grabaciones y fotos de satélite donde se mostraba el uso de los guardacostas y de la aviación de guerra cubana en operaciones de transferencia de droga; así como documentos bancarios que probaban la extensa participación del gobierno de Castro con el trafico de estupefacientes.
    A través de medios diplomáticos, Castro sabrá de la existencia de pruebas en poder de los Estados Unidos que lo implicaban en el narcotráfico. Y, como si esto fuese poco, su cerrada defensa del panameño Noriega le estaba haciendo perder prestigio en los grupos de poder de la América Latina.
 OPERACION GALGO
     El Comisionado de Aduanas de los Estados Unidos, William Von Raab, aseveró que Raúl Castro estaba involucrado en el trafico de drogas y de armas. Von Raab alegó que el Ministro de las Fuerzas Armadas de Cuba trataba de subvertir al gobierno colombiano ofreciéndole apoyo a las guerrillas del Movimiento 19 de Abril en dicho contrabando14. Leyendo de un documento marcado secreto y confidencial Von Raab informó a los senadores sobre la “operación Galgo”, una investigación del Servicio de Aduana que, según dijo, puede haber sido el catalizador del arresto del general Ochoa. Valiéndose de cubanos exilados involucrados en el trafico de drogas, el Servicio de Aduanas había recopilado datos de que las tropas de seguridad interna de Cuba protegían a los contrabandistas.
    La Operación Galgo fue dirigida por el agente especial de aduanas Dave Urso y tuvo como objetivo tender una celada a altas figuras del régimen cubano, especialmente al Ministro del Interior Abrantes. La operación utilizaría conexiones de traficantes, previamente trabajadas, introduciéndolas en territorio marítimo cubano. Así, el fin era realizar las negociaciones y atraer al ministro Abrantes u otros altos jefes al punto de transferencia de la mercancía en alta mar y allí apresarles en plena operación. 
    Para tal objeto se había concebido la utilización de un submarino, un equipo especial de los famosos comandos marinos SEAL, la cobertura aérea de cazas F-16, y un destructor Spruance, cosa de contrarrestar la aviación y marina cubana. El agente aduanero Urso se había destacado en el desmantelamiento de una red colombiana en Cayo Largo y contaba con el apoyo del Jefe de Aduanas de Isla Morada, Luis Rivera.
    Los servicios cubanos estaban aprovechando una brecha en los sistemas de radares de los Estados Unidos, una especie de vacío en un perímetro de 5,000 millas cuadradas de océano entre el norte de Cuba y Cayo Sal hasta Isla Morada, en una plataforma coralina de aguas poco profundas. En ese dédalo de islotes se estacionaban con botes rápidos los contrabandistas de drogas. Allí esperaban que avionetas atestadas de estupefacientes lanzaran su carga en tierra firme, bajo el ojo protector de los funcionarios cubanos15.
    Los buques del Servicio de Guardacostas de los Estados Unidos no podían dar alcance a los rápidos botes de los traficantes; la fuerza aérea, con sus helicópteros Blackhawk y cazas Citation, se mantenía a una distancia prudencial de la superior flotilla de MiGs cubanos. Pero, la aviación y la marina cubanas resultaban un valladar insuperable para la guardia costera norteamericana, propiciando las operaciones de los contrabandistas a los que incluso escoltaban mar adentro. La intención de la “operación Galgo” era recorrer por primera vez hasta el final la red de narcotráfico que engrampaba a Colombia, a Cuba y a la Florida. Thomas Mulvhill, fiscal federal que rastreaba la pista cubana, propició un encuentro entre representantes del FBI y de la agencia antidroga, la DEA, con el agente Urso. Se necesitaba un narcotraficante que cooperase e introdujese a Urso en la red.
    Se determinó, entonces, utilizar al cubano Gustavo Fernández, conocido en el narcomundo como "papito". En la década del sesenta Papito Fernández había sido entrenado por la CIA, como miembro de las famosas Aguilas Doradas y había realizado varias infiltraciones dentro de Cuba, incluyendo actos de sabotaje. En los momentos que se planificaba esta operación, papito Fernández estaba en una cárcel norteamericana cumpliendo una larga condena16.
   Papito accedió a colaborar en la operación, conjuntamente con su hijo Pablo Fernández, llegado por El Mariel en 1980, y quien se hallaba conectado con la red del narcotráfico cubano. Tanto papito como su hijo consideraron que era muy probable que pudiesen apresar al general Abrantes. Urso recabó el apoyo de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), para la cobertura aérea.
    Urso posaría como contrabandista canadiense. Rivera, el jefe de aduanas de Isla Morada, fue encargado de monitorear la operación. Participarían en la misma papito Fernández, su hijo Pablo; Kevin Power como segundo al mando; y Eddie Agrait, quien protegería a papito Fernández en sus negociaciones con los narcotraficantes. Se determinó utilizar el yate  Hatteras17. Pese a que el plan contaba con el apoyo del Comisionado Federal de Aduanas, Von Raab, los jefes de Urso en Miami tenían sus dudas sobre el éxito de la operación. Por otro lado, los engranajes burocráticos dejaron a la operación casi sin fondos, y papito Fernández tendría que buscar fondos a través de sus propios contactos. Papito Fernández comenzó a realizar las averiguaciones convenientes para desarrollar el trabajo.
   La carnada para atraer al general Abrantes consistía en una lista de artículos de alta tecnología: información de vuelos sobre Cuba de los satélites con capacidad infrarroja que podía penetrar el follaje de la selva. O sea, el canje sería de secretos por cocaína. Pablo, el hijo de papito Fernández, que en Cuba había sido reclutado directamente por el general Abrantes en una fiesta para trabajar en la red de narcotráfico, accedió llevar la lista al general. La respuesta fue positiva: el ministro se había interesado por las informaciones y accedía al intercambio.
    Para evitar cualquier sospecha, se concibió una operación previa de drogas con los militares cubanos; la red de Pablo trajo de Cuba una tonelada de cocaína que fue desembarcada en los bancos de Cayo Sal. La transacción con el general Abrantes fue concebida para darse en aguas internacionales. Se tensaron todos los medios aéreos y navales para su éxito. 
    El 12 de junio se citó una reunión en Isla Morada con Urso y Power para revisar los planes. Papito Fernández se quedó custodiado con un sólo hombre. Mientras almorzaba cerca del refugio bajo vigilancia, dos hombres se acercaron a su mesa y ante los ojos de su custodio, sería desaparecido con rapidez18. Tras algunas horas de espera, se desencadenó la búsqueda. Papito Fernández no tenía razones para huir, ya que se le había prometido por su participación la libertad19. La coincidencia de los sucesos en torno a la Operación Galgo, la misteriosa desaparición de Papito Fernández, con los acontecimientos de Cuba y el arresto del general Abrantes resulta en extremo evidente.
 EL REPOSO DEL GUERRERO
  El general Ochoa, artífice de las operaciones de guerra más brillantes del régimen en los escenarios bélicos africanos, se había mostrado en extremo criticó durante los últimos tiempos con respecto a la guerra en Angola20. Ya a esas alturas las contradicciones del general Ochoa con la plana mayor militar de Raúl Castro se harán patentes. Se hizo patente que Castro no dejaría impune la insubordinación del general Ochoa. La inconcebible ausencia del general Ochoa en las negociaciones militares que llevaron a los acuerdos de paz en el Cono Sur africano, sólo se explica asumiendo que desde entonces Fidel y Raúl Castro habían decidido su suerte.
    La casa del general Ochoa, en Cuba, se transformaría en un centro de reunión de veteranos de las guerras africanas, descontentos e inquietos con su situación personal y con el deterioro económico y social del país. Castro percibió que dentro de la élite de dirección aumentaba el estado de opinión favorab le a las reformas que se estaban produciendo en otros países del bloque soviético y decidió neutrali z ar todo lo que pudiera posibilitar el surgimiento de cualquier movimiento en favor de cambios políticos o hacia un forcejeo por el poder.
    Es entonces que Castro golpea el círculo de hierro que hasta ahora constituía su base de sustentación: el MININT. El tema de la droga le permite a Castro una jugada política y propagandística múltiple: de un plumazo destruía moralmente a sus críticos, se desligaba ante el mundo de toda responsabilidad con el narcotráfico, y encubría un operativo contra el creciente descontento de sus oficiales en las Fuerzas Armadas y en el Ministerio del Interior que le permitirá recuperar la iniciativa política.
    Castro, decidió inculpar al general Ochoa del narcotráfico cubano, presionado por las acusaciones que se hacían sobre las vinculaciones de Cuba en el narcotráfico y del caso de Reinaldo Ruiz21 que se ventilaba en Miami, en el que se habían detallado nombres, rangos y circunstancias de la participación cubana en el mismo. Al referirse al tema, Castro tuvo que admitir el conocimiento por parte de las autoridades norteamericanas, de la actividad de narcotráfico de su gobierno22 "es evidente que los órganos de inteligencia de Estados Unidos conocían que desde el primer semestre de 1987, aunque bastante espaciadamente, aviones con drogas procedentes de Colombia estaban realizando aterrizajes en el aeropuerto de Varadero con la complicidad de oficiales cubanos".
    El 15 de julio de 1989, diplomáticos occidentales destacados en La Habana informaron que la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba había realizado por lo menos ocho contactos con este gobierno, entre 1988 y 1989, en que se discutió la participación oficial castrista en la confabulación. Mucho antes de iniciarse las investigaciones sobre el supuesto papel del general Ochoa en el narcotráfico ya existían informaciones que Castro no podía desconocer23.
 "Varios rumores que llegaban por boca de amigos de Cuba señalaban afirmaciones de narcotraficantes que aseguraban contar con la cooperación de funcionarios cubanos.  Se hablaba incluso de algunas quejas por pérdidas de mercancías.  Esto se unía a crecientes imputaciones desde Estados Unidos sobre operaciones de narcotráfico a través de Varadero y de las aguas jurisdiccionales cercanas a ese punto, que llegaban a mencionar lanzamiento por aire de paquetes que contenían droga".
    Al parecer, junto a las operaciones de narcóticos autorizad as por Castro a Tony de LaGuardia, otros funcionarios del régimen estaban realizando diferentes operaciones de contrabando de dinero, de narcotráfico, y de extorsión. Los fondos derivados de estas operaciones eran guardados en el exterior, hecho que Castro desconocía y que implicaba a sus ojos una evidente oposición. Castro pudo haberse enterado de estas operaciones a través de sus relaciones a más alto nivel con el Cartel de Medellín, o con Solís Palma, el entonces presidente de Panamá quien realizó una visita sorpresiva a Cuba dos días antes de los primeros arrestos.
    No cabe duda que todo el proceso de narcotráfico montado en contra el general Ochoa y los mellizos de LaGuardia no fue más que un manto protector ideado por Castro para desvincular a la alta cúpula del régimen cubano de la culpabilidad corroborable en las causas del narcotráfico. El Departamento MC (Moneda Convertible)no era el único envuelto en el tráfico de narcóticos; es más, ni siquiera había sido el instrumento fundamental de este negocio ilícito. El hombre clave de Cuba con el Cartel de Medellín y con Panamá no era Tony de LaGuardia, había muchos más implicados.
    Tony de la Guardia será el hombre de las misiones imposibles en el Medio Oriente, en África, y América Latina; durante la crisis de los cohetes, en 1962, se hallaba en Nueva York con la misión de dinamitar el puente de Brooklyn en caso de estallar la guerra; estuvo al lado de Allende hasta el último minuto24; luego se integraría con los palestinos en plena guerra del sur del Líbano, y posteriormente organizará el frente sur sandinista. Finalmente el propio Castro lo ubicó al frente de un Departamento de inteligencia, el MC con el fin de burlar el embargo norteamericano y obtener, de diferentes sectores industriales y farmacéuticos, la tecnología y los productos norteamericanos. Esta actividad implicaba la conexión de Tony de la Guardia con los bajos fondos panameños, colombianos y de todo el continente, bajo una "licencia de corsario" otorgada por el propio Castro25.
    Cuando la colaboración cubano-soviética entra en crisis con Gorbachov y Boris Yeltsin, el departamento MC de Tony de la Guardia devino imprescindible, montándose diversas empresas comerciales registradas bajo nacionalidad panameña u otras, para operar en la zona franca de Colón y servir de cobertura a otras actividades ilegales. Una de tales empresas sería Merbar, que compraba lotes de mercancías y material electrónico, incluso de los mercados negros, y los revendía en los países africanos26.
    Según el propio Tony de LaGuardia, en abril de 1989 él ya había ordenado personalmente la suspensión de las operaciones de narcotráfico, no porque en Cuba se hubiera iniciado una investigación, sino porque el problema del narcotráfico ahora estaba en público. No obstante, Tony de LaGuardia declaró su conocimiento de otros bombardeos de cocaína en 1988 en la provincia central de Las Villas, en los que insistió que nunca se vio envuelto su departamento MC.
   Quedó evidente en el juicio cuán extensas y abarcadoras eran las operaciones ilegales que realizaba la inteligencia cubana. Asimismo, se hizo patente que el departamento MC dirigido por Tony de LaGuardia se autofinanciaba con pequeñas operaciones de narcotráfico, evidencia que fue utilizada para montar el juicio. El monto de las operaciones de drogas -la prueba central- del Departamento MC era de pequeña magnitud y no podía representar el nivel exacto del compromiso cubano con el narcotráfico.
    En su testimonio ante el juicio, el general Ochoa haría referencia constante a un "amigo extranjero" que había propuesto a Cuba la venta y transporte de narcóticos. En comentarios íntimos después del juicio, Castro expresó que era interés de Cuba el mantener la identidad del extranjero en secreto. La verdadera razón era que el extranjero se mantenía activo realizando operaciones conjuntamente con La Habana. Pero Masetti, operativo del Departamento América que en 1991 desertó en Europa, ha revelado que el susodicho extranjero era el venezolano Luben Petkoff, quien en la década del sesenta había encabezado un movimiento guerrillero dentro de su país, el ELN, con el apoyo de La Habana27. En ocasión de la conferencia de Castro con los presidentes de México, Colombia y Venezuela en Cozumel, el 27 de octubre de 1991, Petkoff se entrevistó con la delegación cubana28.
    Dos años después de los hechos, Maida González, viuda del general Ochoa, rompió el silencio sobre el caso de su esposo concediendo una entrevista al diario español El Mundo. En ella expresó que su esposo había sido inocente de casi todos los cargos que se le imputaron29 "Dicho tráfico siempre estuvo en conocimiento de Fidel y Raúl Castro, quienes lo alentaron.... el único delito de mi esposo fue decirle a Fidel y a su hermano Raúl que la guerra de Angola era una locura".
    Sin embargo, no quedó estable cida la conexión de Ochoa con el narcotráfico, al no poderse citar un sólo éxito o participación en las supuestas operaciones. El fiscal no lograría armar un "corpus" coherente de evidencia con las respuestas de los acusados sobre el cuándo y el cómo habían comenzaron las operaciones de narcotráfico. En las confesiones resultó evidente que los acusado habían sido asignados, por niveles superiores dentro de la jerarquía, a operar en el área del narcotráfico.
    La participación de Castro en el tráfico de drogas ha sido más voluminosa de lo que se pensaba. Se estima que Castro obtuvo anualmente por dichos conceptos entre $200 y $250 millones de dólares. Castro hizo depender el tráfico del Cartel de Medellín y del lavado de dinero vía Noriega a su control. El mayor del ejército cubano y veterano de las guerras africanas Luis Galeana desertaba en España en octubre de 1991, realizando declaraciones que estremecerían a la cúpula castrista. Galeana había actuado dentro de la sección naval del Ministerio del Interior como agente reclutado por la DEA norteamericana30.
    El doble agente Galeana disponía de evidencias de que Castro continuaba inmerso en el trafico de drogas hacia los Estados Unidos. En su poder obraban pruebas sobre recientes envíos de cocaína refinada realizados en los dos años posteriores al juicio contra el general Ochoa, narcóticos que Cuba fue introduciendo en los Estados Unidos a través de Tejas y Luisiana, utilizando a México como trampolín. Según Galeana, Castro ha ampliado su papel como punto de trasbordo de los narcotraficantes31.
    Con Gorbachov, los servicios de inteligencia cubano comenzaron a retraerse de su tutelaje soviético, disminuyendo el intercambio de información, al punto que ello provocó la visita del entonces jefe de la KGB Viktor Chebrikov para restaurar la alianza en esta área sensitiva y poder mantener en servicio la estación de espionaje en Lourdes. Con la caída de la alianza de inteligencia del bloque soviético, la DGI cubana fue privada de acceso al sistema integrado de datos de inteligencia y a las computadoras de Alemania Oriental. A partir de estos acontecimientos, el otrora apoyo internacional a su revolución se va desmoronado en una dinámica sin retroceso. La ejecución del general Arnaldo Ochoa, vencedor de sus guerras, conmocionó a toda su élite y cerró toda opción de reforma interna y de acomodo internacional.
   Pese a que la era del imperialismo soviético y el colosal edificio del comunismo euroasiático fue condenado por la marcha de la historia, Castro, con una economía en quiebra, no deja de estar siempre presto a desencadenar una terrible explosión de violencia, como principal sujeto de su política exterior. La Habana sigue siendo una urbe tórrida, inundada de siniestros blocaos de hormigón y sometida a extensos niveles de crueldad por una casta convencida de su superioridad, cuyos despachos están adornados con cabezas de tigres con ojo de vidrio, trofeos de guerras en las junglas tercermundistas.

    Nadie en la historia de Cuba o de Hispanoamérica ha desatado una vorágine de violencia ni ha sembrado el pánico Castro ha hecho con su revolución. Su sueño imperial de convertirse en un Bolívar continental estrena una etapa de subversión y de terrorismo que ha llegado hasta nuestros días.  Mientras exista Castro como gigantesco brasero de la Gran Antilla, la democracia no se cimentará en América Latina y las posibilidades de conflictos se mantendrán latentes. 


 


*
  Tomado del libro: " Las Guerras Secretas de Fidel Castro" Juan F. Benemelis.











EL CARTEL DE LA HABANA. Parte 1


 

Por Carlos J. Bringuier

Cuando salí de Cuba el 4 de Mayo de 1960 dejé vacante mi cargo de Oficial (Secretario Suplente) en el Juzgado de Instrucción de la Sección Quinta de La Habana. Mi experiencia me enseñaba que el problema de la droga en Cuba siempre había sido un problema sin mayores consecuencias ya que tanto los expendedores como los usuarios eran el estiércol de la sociedad.
Al llegar a la Argentina, ya como exiliado político, comprobé que en ese país la droga no era tampoco un gran problema social. Anteriormente había visitado Guatemala donde la experiencia era la misma.
Hoy, 46 años después, nos encontramos un continente semi devastado por el uso de la droga. Puede decirse que no hay una sola familia que no sufra el caso de ver a un ser querido destrozado por el uso de las drogas.
Por eso, sabiendo yo cómo se había originado este desenlace fatal no me sorprendieron las recientes declaraciones del Teniente General Rumano, Ion Mihai Pacepa.
Recuerdo que a principios de la década de los años 1960's existía un periódico pro comunista en Nueva Orleans titulado "NOLA Express" publicado por Bob Head quien en el titular le pedía a Fidel Castro que legalizara el uso de la marihuana en Cuba. Conversando con Bob Head le dije que no perdiera el tiempo que Castro no iba a legalizar el uso de la mariguana en Cuba, que lo que Castro iba a ser era cultivarla para invadir con ella a los Estados Unidos y destruir a este país.
El Teniente General Rumano Ion Mihai Pacepa nos dice ahora que eso exactamente fue lo que planearon Ceausescu y Raúl Castro en una visita del Dictador Rumano a La Habana en 1972.
Ya desde la década de los 1960's Cuba había entrado en el negocio de la droga. En esa fatídica década comenzó a irradiarse el veneno hacia el continente americano. Tan pronto Castro inició su lucha internacionalista con las guerrillas Colombianas, se establecieron los contactos para enviarles barcos cargados de armas que los guerrilleros pagaban con droga que regresaba a Cuba en esos propios barcos. Desde Cuba el gobierno de Fidel Castro se encargaba de hacerla llegar a los Estados Unidos.
Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver (claro que la corrupción y la complicidad también conducen a la ceguera). Hay numerosos ejemplos de cómo los hermanos Castro crearon el Cartel de La Habana. Ahí está el caso de Reynaldo Ruiz y su hijo Rubén. Reynaldo Ruiz tenía conexiones en Cuba por intermedio de un pariente, Miguel Ruiz, quien era Capitán del Ministerio del Interior.
De acuerdo con lo declarado por Reynaldo Ruiz él viajaba a Cuba en un bote desde la Florida llegando hasta Varadero donde esperaba a su hijo Rubén que se encontraba en Colombia. Su hijo volaba de Colombia a Varadero en un avión cargado con cocaína, un Coronel de la Fuerza Aérea de Cuba autorizaba el vuelo de Rubén a Cuba. Rubén aterrizó en Varadero y parecía como que su vuelo era una cosa rutinaria y le daban un suculento almuerzo mientras que militares cubanos descargaban la cocaína y la pasaban al bote de Reynaldo. Ya con el bote cargado, un guardacosta cubano los escoltaba hasta alta mar.
Reynaldo Ruiz y su hijo fueron arrestados en Miami en 1988. Como el contubernio de los hermanos Castro con la mafia de la droga estaba por descubrirse, el gobierno de Castro negó las acusaciones y procedió a buscar chivos expiatorios. Posteriormente fueron arrestados Arnaldo Ochoa ( Héroe de la Revolución), Tony de La Guardia (amigo personal de Fidel Castro), el Capitán Miguel Ruiz (el pariente de Reynaldo Ruiz), así como otras 11 personas que fueron sometidas a juicio sumario. Cuando durante su declaración el Capitán Miguel Ruiz dijo que tenía la impresión de que la operación de drogas estaba aprobada al "Máximo nivel" el Fiscal Juan Escalona pidió suspender el juicio por unos minutos ya que según Escalona el acusado se encontraba muy nervioso. El Capitán Miguel Ruiz no regresó a continuar su declaración.
Anteriormente los aviones cargados de drogas procedentes de Colombia tenían que pasar sobre el espacio aéreo cubano y ninguno de esos aviones fueron derribados como el avión de los Hermanos al Rescate. Los carteles de la droga obtenían con anticipación, previo pago, autorización del gobierno de Castro para volar sobre el espacio aéreo necesario para descargar su mortífera carga sobre las Bahamas.
Otro involucrado en este contrabando resultó ser George Morales quien testificó en Washington que él participó en el trasiego de drogas a través de Cuba. Morales testificó que eso ocurrió desde 1980 hasta 1986.
Jack Blum era el Fiscal Especial del Senado (1987-1989). El principal testigo fué José Blandón, ex-ayudante de Manuel Noriega quien declaró haber atendido reuniones en Cuba con Fidel Castro, presentando fotografías para demostrarlo.
Blandón aseguró que los cubanos estaban envueltos en el tráfico de drogas y que los motivos de Castro "son políticos". Blandón acusó a Cuba de trasegar drogas a través de Nicaragua y Panamá además de Colombia y que todo estaba dirigido por el Departamento América del gobierno cubano y auspiciado por Fidel Castro. El Departamento América había sido creado en 1974 y Manuel Piñeiro Losada se encargó de dirigirlo.
A mediados de la década de los 1970's Castro intensificó su participación con los carteles de Colombia y el Departamento América envió a uno de sus mejores agentes a Colombia. Fernando Ravelo Renedo fue nombrado Embajador de Cuba en Colombia.
Mientras tanto las guerrillas colombianas del M19 recibían entrenamiento y armamentos de Cuba. Ravelo enfatizó que era necesario que usaran drogas para financiar su revolución. Cuba, a cambio, continuaría suministrándoles armas.
En 1979 Ravelo asistió a un "wild party" en el Hotel Hilton de Bogotá, Colombia. Entre los asistentes estaban varios capos de los carteles de la droga entre ellos Johnny Crump. Posteriormente llegaron a un acuerdo por el cual se enviarían botes con drogas hasta aguas cubanas los que permanecerían en dichas aguas hasta que llegaran las lanchas rápidas provenientes de la Florida las que se ocuparían de introducir las drogas en los Estados Unidos. Ravelo hizo claro que mientras estuvieran en aguas cubanas los botes provenientes de Colombia tendrían toda la protección necesaria proporcionada por el gobierno de Cuba.
Posteriormente Johnny Crump y el Embajador Ravelo volvieron a reunirse en Panamá. Johnny Crump entonces viajó a La Habana para finalizar el trato de los envíos de drogas. Al llegar a La Habana no tuvo que mostrar su pasaporte y montó al auto que lo esperaba. Crump estuvo hospedado en el Hotel "Habana Libre" con todos los gastos pagados por el gobierno de Castro. Asistió a distintas reuniones, entre ellas, con René Rodríguez Cruz, miembro del Comité Central del Gobierno de Cuba y amigo de Fidel Castro.
Cuando el bote enviado por Crimp arribó a Cuba fue recibido por un guarda costa Cubano en el que se encontraba el Vice Almirante de la Marina de Guerra de Cuba Aldo Santamaría Cuadrado.
En Miami, el Fiscal Richard Gregory en el juicio de Crump también procesó a Aldo Santamaría Cuadrado, René Rodríguez Cruz, Fernando Ravelo y a un asesor de Ravelo. Ravelo y su asesor fueron nombrados por Cuba como Embajadores en Nicaragua y Panamá.
En 1982 uno de los capos de la droga se estableció en Cuba en la Marina Hemingway. En 1989 Robert Vesco fue procesado en los Estados Unidos por traficar 1 tonelada de cocaína desde Cuba. Otro visitante de la isla de Cuba era Carlos Lehder-Rivas quien sostuvo reuniones con Robert Vesco y estuvo en Cuba por un período de 6 meses. Carlos Lehder-Rivas posteriormente fue condenado en Estados Unidos por tráfico de drogas y declaró que sin el permiso de Fidel Castro él nunca hubiera podido arribar a Cuba. Hoy Lehder-Rivas cumple condena de "vida entera + 134 años de cárcel".
Un antiguo oficial de Inteligencia del gobierno de Cuba, Manuel de Beunsa ha declarado que estuvo presente en una reunión con Fidel Castro y el General José Abrantes Fernandes en la que se discutió el tráfico de drogas y en la que Fidel Castro ordenó la creación de 2 compañías en Panamá para utilizarlas en el tráfico de drogas. Las dos compañías en cuestión se abrieron con los nombres de "Caribbean Happy Line, S.A." y "Mercurio, S.A.". Otro antiguo Oficial de Inteligencia de Cuba, Juan Antonio Rodríguez Menier, corroboró esas actividades. El General de Aviación de Cuba, Rafael del Pino ha declarado que para permitir el vuelo de los aviones traficantes de drogas se necesitaba el permiso del Ministro de Defensa Raúl Castro Ruz y que él (el General Del Pino) recibió esas órdenes en distintas oportunidades de la oficina de Raúl Castro y de la oficina del General José Abrantes Fernandes.
Ahora el General Rumano Pacepa saca a la luz que en la reunión de 1972 en La Habana: "los hermanos Castro y Ceausescu pusieron los cimientos de un acuerdo bilateral sobre las drogas. Ellos querían inundar al mundo con drogas. ‘Las drogas pueden hacerle más daño al imperialismo que las bombas atómicas’ expresó Fidel. ‘Las drogas pueden destruir al capitalismo desde adentro’ puntualizó Raúl.
Hoy vemos a unos Estados Unidos de América con varias generaciones consumidas por la droga. Hoy vemos a una Argentina, otrora faro de intelectualidad, con una juventud descerebrada por la droga que es incapaz de obtener calificaciones suficientes para avanzar mientras hay Jueces que piden la legalización de las drogas y el gobierno permite un verdadero genocidio del pueblo sano que no quiere sucumbir ante la agresión comunista. Hoy vemos a países como El Salvador y Honduras impotentes ante una criminalidad que ha convertido, por medio de las drogas, a una juventud en verdaderas bestias humanas.
Cuando un Gran Jurado Federal en Miami estuvo dispuesto a procesar a Raúl Castro por su participación en el tráfico de drogas hacia los Estados Unidos dicen que el Presidente Bill Clinton y la Fiscal General Janet Reno lo impidieron. Como en el caso del asesinato del Presidente John F. Kennedy a manos de un agente de Fidel Castro no ha habido ni inteligencia ni lo que hace falta que tengan los hombres para enjuiciar a Fidel y a Raúl Castro. Sean Demócratas o Republicanos la estupidez es Reina.

Wednesday, September 4, 2013

http://www.elnuevoherald.com/2013/08/06/1538552/oscar-pena-plagio-politico.html

4 de Septiembre de 1933. La verdad como promesa.

Tomado de Baracutey Cubano.

Por Zoé Valdés
septiembre 4, 2011


Una vez más, mi estimado amigo Roberto Torricella me invitó este año a hacer uno de los discursos conmemorativos del 4 de Septiembre de 1934, que cada año se recuerda y celebra en Miami, desafortunadamente no podré asistir tampoco en esta ocasión, porque como saben, el mes de septiembre es el más importante para los escritores en Francia, a nivel de trabajo, y como prácticamente acabo de editar una novela, pues no podré asistir a Miami, lo que sinceramente siento mucho, debido a mis numerosos compromisos con la editorial y las ferias y salones del libro.

No obstante, no quería dejar pasar la ocasión para enviarles un abrazo a todos los participantes, y una muestra más de afecto a los familiares cercanos y a los amigos del presidente Fulgencio Batista y Zaldívar, así como a los que han comprendido, a través del estudio riguroso de la historia de Cuba, la importancia de esta fecha, como tantas otras, escamoteadas por la dictadura castrista a las nuevas generaciones de cubanos surgidas a partir de 1959, el Año del Error.

(Fulgencio Batista y Antonio Guiteras, 23 de noviembre de 1933)

Como algunos de ustedes conocen, llevo años intentando terminar una obra suicida, no tengo otra frase mejor para definirla, que es lo que yo llamo hasta ahora: La novela de Batista, que es un proyecto literario, ambicioso, con el que no me interesa hacer una biografía a pie juntillas del presidente cubano, sino recrear su personalidad de forma literaria, dibujar el momento histórico en el que le tocó desempeñar sus responsabilidades, en relación a la debacle que vino después, con la aparición e imposición del castrismo, como una dictadura de más de medio siglo, que por ser –dicen ellos que de izquierda- ha recaudado simpatías en el mundo entero, pese a la crueldad y el terror que no solo alcanzaron a implantar en la isla de Cuba, sino también en el resto de América Latina, en África, y en todo el mundo, a través del terrorismo de las guerras de guerrillas, y el terrorismo de izquierda, abrazado hoy también por los extremistas del islam.

(Federico Laredo Brú y Fulgencio Batista, 25 de diciembrede 1936)

Para escribir esa novela, que no entrará en lo absoluto dentro de los esquemas clásicos de la novela del dictador latinoamericano tocada por tantos autores de la región, me acerqué a la familia Batista, a los hijos y esposas, a Rubén Batista, a Roberto Fernández Miranda, y a Roberto Batista, entrevisté brevemente a Elisa Batista, a la nieta Esther Batista, y conservo, con mucho cariño, cada una de las palabras dichas, escritas, grabadas, de las horas que pude compartir con ellos. Agradezco la profunda afabilidad y el respeto con los que me recibieron y trataron, así como los ejemplares de los libros que me obsequiaron, y aquella medalla de la Milagrosa que Adelita me regaló, una tarde en que nos encontramos en casa de Rubén y Carmen.

(Recibimiento a Batista, 25 de noviembre de 1938)

La literatura es un misterio, como lo es la creación artística, es un misterio milagroso, porque no sólo a través del trabajo y de la creación literaria el escritor aprehende de la vida, sustrae escenas inconcebibles de la imaginación, además, la historia real, en casos como estos, aportan muchísimo al conocimiento y al acervo cultural e histórico que la sociedad en la que nos tocó vivir nos entregó, y que el escritor a través de su búsqueda, necesariamente, convierte en fuente inagotable de inspiración. Esa sociedad, la castrista, en cuanto a enseñanzas, a mí me dio bien poco, y me arrebató una gran parte de la verdad histórica de mi país, censurando el quehacer literario y artístico de por lo menos cuatro generaciones. Uno de esos ejemplos de censura es la propia historia de Fulgencio Batista y Zaldívar, y de su familia, llevada a lo más bajo e inmundo que se puede llevar la historia de unos seres humanos que formaron parte de la historia. Creo que fue esa la razón por la que me interesó investigar sobre Batista, porque allá por el año 1990, me dije, que no podía ser posible que Batista fuera un hombre tan extraordinariamente malo, como lo pintaba el castrismo, cuando su legado, aun cuando habían querido borrarlo de la historia, se alzaba por encima de los escombros del castro-comunismo, y resplandecía más que nunca en la arquitectura de la ciudad, en ciertas publicaciones prohibidas, en la memoria de los mayores, que empezaban a hacer comparaciones peligrosas, muy a favor de la época batistiana y en contra de la actualidad castrista.

(Mario García menocal y Fulgencio Batista, 19 de marzo de 1940)

A finales de los años ochenta, apareció una pintada en el muro de una célebre calle del Vedado. Era un grafiti enorme que representaba a Fidel Castro cargando en brazos a un bebé con la cara de Fulgencio Batista, sin un solo texto explicativo que acompañara a la imagen, pero los habaneros sabíamos que eso quería decir que Batista era un niño de teta en relación a Castro, en relación a esa “supuesta destrucción de la sociedad cubana” achacada al primero exclusivamente por tantos años. Esa caricatura, que duró menos que un merengue en la puerta de un colegio, fue el último impulso que yo necesitaba para embarcarme -en el bueno y en el mal sentido-, en la novela de Batista, en la que, como supondrán, el 4 de septiembre de 1933, constituye uno de los momentos claves en la historia del hombre, y del país.

En medio de varias polémicas que yo considero menores, entre el exilio y los cubanos de la isla, y de intercambios culturales que hacen el papel de la curita que intenta tapar el triperío infeccioso desbordante, siempre me viene a la mente el joven sargento Batista, cuando decidió ir a hablar a los cuarteles y guarniciones, sabiendo que ya nada podía detenerlo, asumiendo totalmente el liderazgo de las fuerzas armadas, y uniéndolos a todos en la Proclama del 4 de septiembre, un documento histórico, cuya primera firma, de entre los 19 que firmaron, era la de Prío Socarrás, y la última correspondía a la de Fulgencio Batista. Una proclama de gran sentido libertario y democrático que recogía el pensamiento revolucionario de la época y demandaba justicia social, aspiración de todos los cubanos. Así fue, contado a grandes rasgos, cómo el presidente en funciones abandonó el poder, una vez presentada la proclama, y con anterioridad nombrada La Pentarquía.

(Fulgencio Batista y Fernando de los Ríos de la República Española, abril 17 de 1946. Batista apoyó notablemente a la República Española durante la Guerra Civil española)

¿Sería esto posible en la actualidad? No tenemos a unos Castro susceptibles de abandonar el poder, y mucho menos contamos con hombres como el joven Batista, o al menos no los conocemos, ni nombres como aquellos de los que lo acompañaron. El país ya no es el mismo: 52 años de dictadura han dejado secuelas profundamente perjudiciales para un cambio apacible y para una posible reconstrucción inmediata.

Por último, como ustedes sabrán, yo repelo la palabra revolución, pero en este caso, la llamada “revolución de los sargentos”, cumplió su cometido, ampliarle el horizonte a los cubanos y entregarle momentáneamente el poder –no absoluto, como se ha querido tergiversar-, al ejército, el poder que en cualquier parte del mundo el ejército debe tener para que un país no se vaya a la deriva, y se extravíe y hunda bajo el peso de los egos y sinrazones de algunos. Poco tiempo después se recuperó la vía democrática, y mientras en Europa se vivía el horror de la Segunda Guerra Mundial, en Cuba, el presidente Fulgencio Batista y Zaldívar, elegido democráticamente en dos ocasiones, situaba a Cuba entre los primeros rangos mundiales a nivel de importancia económica, política y social. Lo que sucedió después, ya forma parte de otra realidad, también muy discutible, de la historia del batistato y de Cuba, cuya responsabilidad no la tiene un solo hombre, como mismo el castrismo no es responsabilidad de los Castro únicamente.

(Ramón Grau San Martín y Fulgencio Batista, 10 de octubre de 1944)

Nací en 1959, y nadie podrá endilgarme el cartelito de batistiana, despectivamente, como en tantas ocasiones se ha acostumbrado a hacer para denigrar a alguien, formalismo poco educado y que prueba una incultura atroz que tendrá que cambiar más temprano que tarde, y que ya ha ido cambiando sorpresivamente. Es la razón por la me agradaría terminar este texto deseándoles salud, salud, salud. Salud a todos ustedes, salud a Cuba, y salud al mundo. Libertad y vida para los cubanos que queremos reconocer cada una de las partes de nuestra historia, y que nos merecemos esa ansia de salud, porque es muy saludable incorporar a nuestras vidas y a nuestras libertades nuestro pasado, que es el pasado de nuestros padres y abuelos, con sus triunfos y fracasos, con sus victorias y pérdidas, pero sin obviar, ni querer borrar, a aquellos que le dieron, aunque sea, un grano de gloria a la idea de prosperidad que fue posible en Aquella Isla, que un día volverá a ser posible: En Esta Isla.

Zoé Valdés.

Publicado en Libre.
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Fulgencio Batista. Su historia




http://youtu.be/upka68WgI9s

Monday, August 26, 2013

¿Quién enterró al asesino Che Guevara?

Yo Enterré
Al CHE

El Che fue ejecutado a las 13:10 horas del 9 de octubre de 1967.
En julio pasado un equipo multidisciplinario de especialistas cubanos anunció finalmente el hallazgo de los restos del legendario Ernesto Che Guevara al lado de la pista de aterrizaje del pueblo de Villa Grande, Bolivia. Previamente se habían realizado sesenta excavaciones infructuosas, incluyendo las del afamado Equipo de Antropólogos Forenses de Argentina. Fue un acontecimiento mundial y de particular repercusión en Cuba, a donde fueron enviadas las osamentas.
Pero en esta entrevista realizada en una granja en el sur de Florida, EE.UU., el hombre que estuvo a cargo de enterrar al Che duda que realmente se le haya encontrado.

Ahora abuelo, el ex agente de la CIA Gustavo Villoldo se dedica a su granja, recuerda y 30 años después duda del hallazgo. " Yo enterré al Che junto a otros dos guerrilleros, Willy Cuba y el peruano `Chino' Chang". Habla Gustavo Villoldo Sampera, persona que estuvo al mando de esa operación.
Hace treinta años, Villoldo llegó a Bolivia como uno de los asesores de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en lo que era la zona de operaciones contra la guerrilla comandada por Ernesto Che Guevara. Fue enviado por la CIA en un acuerdo con el gobierno de Bolivia. Villoldo usó el seudónimo de "capitán Eduardo González".
Todos quisieron posar al lado del cadáver, incluyendo a Villoldo.
Era miembro de un equipo entre los que figuraba Félix Rodríguez, también cubano-americano. Fue el que se fotografió con el Che justo antes de su muerte. (Ver CARETAS 1432 del 19 de setiembre de 1996.) Y había también al menos dos hombres más de la CIA en Bolivia, entre ellos Julio García, asesor del ministro del Interior Arguedas.
El Che había sido capturado el 8 de octubre y hace treinta años el presidente boliviano René Barrientos, y el jefe de las fuerzas armadas, el general Alfredo Ovando Candia, dieron desde La Paz la orden expresa de ejecutarlo.
Guevara fue muerto a las 13.10 horas del 9 de octubre de 1967 por el sargento Mario Terán en un aula de la escuelita del poblado de La Higuera.
Después de treinta años, en una granja al sur del estado de Florida, EE.UU., conversamos con Villoldo, ahora dedicado a sus paltas, sus hortalizas y sus nietos.
Retrocedimos en el tiempo y nos trasladamos a Valle Grande, poblado enclavado entre montañas y a unos 280 kilómetros al sur-oeste de Santa Cruz de la Sierra, donde se ha ventilado el último secreto del Che: el misterio de su tumba y sus restos.
¿Qué pasó el 9 de octubre después de la ejecución de Guevara?
"El día 9 por la tarde se da la orden de evacuar a los heridos y muertos desde La Higuera a Valle Grande. Primero los heridos del Segundo Batallón de Rangers, después los muertos del Batallón y por último los guerrilleros muertos. En Valle Grande yo recibo el cadáver del Che aproximadamente a las 17:30 horas".
¿Sólo del Che?
"Llegaron los cadáveres de tres guerrilleros -Cuba, Chang y Guevara- y se los llevaron al Hospital Nuestro Señor de Malta. Ahí, en la parte de atrás, arriba de un lavadero se pone el cadáver del Che. Junto estaban Chang y Cuba. Fueron expuestos a los fotógrafos y para que los viera toda la población".
ALGUNOS OFICIALES SUGIRIERON
DECAPITAR AL CHE Y CREMARLO

¿Qué pasó después?
"Como a las 8 de la noche se cierra al público esa zona y se hace una evaluación de la situación. La mañana siguiente llega el presidente Barrientos, el general Ovando y miembros del estado mayor. Además, alrededor de 150 periodistas del mundo entero. La noticia había corrido como la pólvora. Se hacen las declaraciones oficiales de rigor y recibimos la información que venía la familia de Guevara desde Argentina. También que elementos del Partido Comunista Boliviano pensaban promover disturbios en el país.
Los cadáveres del Che, Chang y Cuba fueron expuestos para que los viera toda la población. Derecha, parte de la carta que Villoldo dirigió a Aleida Guevara March, hija del Che.
"Tomando esto en consideración, tuvimos una reunión en un hotelito de Valle Grande, donde estábamos presentes Ovando, el coronel Zenteno, el teniente coronel Selich, el mayor Niño de Guzmán y el que habla. Se discutieron varios puntos y algunos oficiales sugirieron decapitar al Che, cortarle las manos y cremarlo...
"Yo me dirigí al general y le dije que su ejército acababa de escribir una página hermosa y heroica, y que mutilar el cadáver de un enemigo mancharía al ejército. El estuvo de acuerdo, dio las instrucciones de que no se decapitara al muerto pero como concesión al resto de los presentes accedió a cercenarle las manos y mantenerlas en formol, para demostrar al mundo entero con las huellas dactilares que Ernesto Che Guevara había caído. En cuanto a la cremación les dije que eso era un error, que no tenían las facilidades y que lo que se iba a hacer era una horrible barbacoa".
Colocamos los tres cadáveres a 4 ó 5 metros de profundidad y tapamos el área con montacargas.
Lo de las manos es historia. Están en Cuba y son las del Che Guevara. En lo que no hay un ciento por ciento de seguridad es en los restos del guerrillero y sobre las osamentas encontradas junto a la pista aérea rural de Valle Grande. No hay seguridad pese a los geólogos y antropólogos forenses que estuvieron trabajando en siete esqueletos desenterrados. No hay seguridad, dice Villoldo, porque los excavadores son cubanos a las órdenes Fidel Castro y no se cuenta con la prueba de ADN.
Y Gustavo Villoldo, el hombre que asegura enterró al Che, tiene más información para atizar las dudas.
"El general Ovando dio instrucciones precisas de que yo me encargara de enterrar el cadáver del Che. Le ordenó al coronel Zenteno para que me dieran el apoyo necesario. Eso nos pone ya como a las 6 de la tarde del día 10 de octubre. Procedo a pedirle a Zenteno un volquete, un pequeño camión y un tractor. También un tractorista, un chofer y un cabo de seguridad. Se hace la coordinación para salir del hospital a las 2 de la mañana del día 11 de octubre. Yo me retiro a mi casa de seguridad a descansar y me levanto como a la 1:30. Después voy con el cabo al Hospital de Malta y allí doy las instrucciones a los soldados que recojan los tres cadáveres".
"EL ENTIERRO SE EFECTUO ENTRE
LAS 2 Y LAS 2:45 DE LA MADRUGADA..."

¿Seguro que sólo tres cadáveres?
"Tres cadáveres nada más. No veo otros. Y cargando los tres cadáveres procedemos hacia la zona de la pista de aterrizaje de Valle Grande, lo que es hoy la antigua pista, hacia el cementerio. Mando parar el volquete en un lugar adyacente a la pista, el más abrupto. Me apeo del volquete y hago llamar al tractorista, que se encontraba a 500 metros. El sale caminando hacia el tractor, y en lo que él arranca la máquina, yo procedo a tomar los azimut (los ángulos medidos sobre el plano horizontal en relación a la latitud) y cuento los pasos de donde iba a enterrar en una fosa común a los tres guerrilleros para poder localizarlos el día de mañana si fuera necesario".
¿A qué hora los entierra?
"Entre las 2 y 2:45 de la madrugada del 11 de octubre de 1967, estando presentes conmigo el chofer del volquete, el cabo de seguridad y el tractorista. Fueron tres cadáveres, repito: Ernesto Che Guevara, Willy Cuba y el chino Chang. Terminando yo de proceder con el azimut y tomando los inversos, le doy instrucciones al chofer para que dé marcha atrás hacia el declive. Inspecciono el lugar, veo que no hay nada abajo, y procedemos a situar los tres cadáveres..."

El ex agente de la CIA dibujó este croquis para CARETAS. Asegura que fueron cuatro los testigos que participaron en el entierro de sólo tres cadáveres en el lugar indicado.


¿A qué profundidad?
"Yo diría que entre 4 y 5 metros de profundidad. Le doy instrucciones al tractorista para que tape la fosa común. Me voy cuando se ha terminado de tapar la fosa y lo dejo dándole pisón a la tierra, para evitar de que se pudiera señalar como un área recién excavada. En ese momento empezó a lloviznar, dejando la zona sin indicio ninguno de un lugar de enterramiento".
¿Dónde es exactamente el lugar?
"Cerca del cementerio y de la pista antigua".
"YO ENTERRE A TRES Y LOS MUERTOS
NO SE REPRODUCEN"

El área a la que se refiere Villoldo es básicamente la misma donde en julio fueron desenterrados huesos correspondientes a siete cadáveres, algunos presumiblemente del Che. Pero si Villoldo asegura que enterró a tres guerrilleros, ¿de dónde salen las otras cuatro osamentas? Y en otras palabras, ¿son realmente los restos de Guevara los que hoy están en Cuba?
"Esa es la gran interrogante -prosigue Villoldo- porque yo enterré a tres y los muertos no se reproducen. También quiero decirte que en este esfuerzo de recuperar al Che, por mi parte existían dos motivaciones. La primera humanitaria. Considero que la familia de Ernesto Guevara, sus hijos, tienen el mismo derecho que pudieran tener los míos si me hubieran matado en Vietnam o en Bolivia, de recuperar los restos del padre. Independientemente de las ideas y de lo que él representaba en su relación conmigo. Yo mantengo las mismas convicciones que me impulsaron a buscarlo en Africa en 1965. Siguen siendo mis enemigos políticos y seguiré combatiéndolos a todos ellos mientras físicamente pueda. Por otro lado, quería negarle a Fidel Castro el lucrar con el encuentro de los huesos del Che. Para Fidel sería una deshonra que el hombre que siguió al Che desde 1965 y lo enterró en 1967, lo devolvió a Cuba".
Según Villoldo, hizo llegar de forma clandestina una carta fechada el 23 de abril de este año a la hija del Che, Aleida Guevara, que se encuentra en Cuba. Allí Villoldo le ofreció desenterrar los restos de su padre por razones humanitarias. Aparentemente, la carta de Villoldo aceleró la carrera sin precedentes por encontrar los restos del Che. Los cubanos querían y quieren hacer un mausoleo como homenaje a la revolución. Por otro lado están los bolivianos que explotan al Che como atracción turística. Y, por otro lado, Villoldo, que quiere aplicar otro golpe a Castro desenterrando el cuerpo del legendario guerrillero que él mismo enterró.
Quizá la única forma de cerrar el capítulo de la vida, muerte y rescate de los restos del guerrillero argentino sea viajando a Valle Grande con Gustavo Villoldo y, con los datos que él tiene, confirmar si los restos del Che fueron desenterrados o no. Además, exigir una prueba de ADN.
Dicen que al lado de la pista aérea rural de Valle Grande fueron enterrados 32 cadáveres, pero hasta ahora se han encontrado sólo 12. En el cementerio de Valle Grande se encuentra sepultada Támara Bunke, o `Tania', guerrillera y espía germanoriental.
En todo caso, el Che sigue agitando al continente, aunque ahora se encuentre en el mundo de los mitos y los fantasmas.


"Yo Enterré Sólo a Tres"

En la página 38 de CARETAS 1432 del 19 de setiembre de 1996, Félix Rodríguez, el otro agente principal de la CIA destacado en la zona de operaciones de la guerrilla del Che en Bolivia, aseguraba textualmente: "Allá estaban los cadáveres de por lo menos 7 guerrilleros, entre ellos el del Che Guevara". Villoldo, sin embargo, señala que la confusión puede surgir a raíz de que en la quebrada del Yuro cayeron 7 guerrilleros, pero a él sólo le tocó enterrar en Villa Grande a tres: Ernesto Che Guevara, Willy Cuba y al peruano Juan Pablo Chang.
En otros puntos cercanos a la pista aérea de Valle Grande fueron enterrados más de dos docenas de insurgentes.

El Agente de la CIA
En Bolivia fue el "capitán Eduardo González"
GUSTAVO En 1967 asesoró al Segundo Batallón de Rangers bajo el nombre de "capitán Eduardo González" en Bolivia. En la madrugada del 11 de octubre de 1967 enterró a Ernesto Che Guevara en Valle Grande. Gustavo Villoldo se retiró de la CIA en 1970. Actualmente vive en el sur de Florida y asegura que mientras no le falle el físico seguirá luchando contra Fidel Castro.


El Che S.A.
EL En Cuba los turistas tienen ahora una gama amplia de diversiones. En estos días, la posibilidad de una bomba en el hotel se ha convertido en parte del foclore de un país que exportaba subversivos. También, las famosas "jineteras" o prostitutas. Hacen que miles de turistas veteranos cuando no decrépitos se crean el cuento de que los hombres son como el vino; mientras más viejos mejores.
Están las playas y lo que queda de un país que alguna vez fue bello por todos lados. Obviamente está Fidel Castro, que se aferra hace 38 años al poder, y que pese a todo ejerce un magnetismo especial para muchos. Pero la figura más vista en la Cuba de hoy es la del Che. El comandante Guevara es parte del paisaje y es un símbolo de la revolución que se pinta en murales en toda la isla.
En la Plaza de la Catedral, en el corazón de La Habana Vieja, se puede comprar todo tipo de souvenirs con la imagen del guerrillero. Lo mismo sucede en el mercado al aire libre del famoso Malecón, y en otros establecimientos comerciales. La variedad es impresionante: ceniceros, libros, billetes, camisetas, tazas, afiches y pinturas con el laqueado de cuadros chinos.

Villoldo participó en operaciones en Vietnam, Africa, Guatemala y también Perú.
¿Qué se hubiera imaginado el Che que su destino sería generar divisas con su imagen? ¿Quién se habría atrevido a pensar que Guevara sería convertido en un artículo de consumo para la revolución por la que él murió?
Ernesto Guevara fracasó en la mayoría de sus aventuras guerrilleras, pero el Che está teniendo éxito después de muerto, en lo único que no creía: capitalismo.
En Bolivia, las agencias de viajes venden paquetes turísticos de "La Ruta del Che". Ahí se incluyen paradas en la escuela de La Higuera donde fue ejecutado, un rápido vistazo a la quebrada del Yuro donde fue apresado y ahora, como oferta especial, la pascana en la que se supone fue su tumba durante 30 años al lado de la pista de aterrizaje de Valle Grande. No se ha confirmado si hay o no recargo por misa en el lugar de los hechos.
En todo caso, en la zona donde operó y murió Guevara, se le venera como un santo. San Che es utilizado para mandas especiales y sobre todo para atraer turistas.
El mundo entero le rinde un culto especial en materia de artefactos que lleven impresa su imagen, incluso relojes suizos.

En Cuba los escolares inician las clases cada día con la siguiente consigna:
"Pioneros por el comunismo: seremos como el Che".

 ¿Qué puede significar este grito de batalla para la nueva generación? Seremos como el Che repiten lo niños a diario. Sólo queda esperar qué es lo que quieren ser: ¿camisetas, monedas, libros, ceniceros, documentales, billetes, afiches, tazas?

Admirado o despreciado, ahora hay que dar al Che lo que es del Che: vende.

Gracia a Miriam Mata por el Link

Sunday, August 25, 2013

BUENO…¿Y QUÉ HA PASADO CON ANTÚNEZ?

Parece que el juego de los industriales tiene a todos alborotados….

 Pero esta es la opinión del opositor, Antúnez. 

 Video tomado de Ino Martell Casuso en Faceook.