El embajador de Panamá, con un discurso característico de alguien culto y con la diplomacia que debe caracterizar a cualquier embajador, sin dar nombre y apellido, le dio nombre y apellido a las vagabundicias, al despotismo y al sin números de abusos que se viven en Venezuela, en manos de un gobierno, sin lugar a duda, completamente dictatorial.
El Embajador expuso con mucha claridad sus ideas y llamó las cosas por su nombre; sin eufemismos, ni adornos complacientes. Sin duda alguna, retrató de manera contundente a la revolución roja, rojita que camina, ya desnuda, por la América Latina !