Saturday, September 3, 2011

Thursday, September 1, 2011

Tuesday, August 30, 2011

¿Qué nos dejó Pablo Milanés?

“Patria plena, no patria mediatizada. Patria justa” Jorge Mas Canosa.


Por Ninoska Pérez Castellón
"Diario Las Américas"



Pablo Milanés, pasó por Miami. No dejó ni siquiera un teatro lleno y para los que fueron a verlo, su presencia no fue más que el fiel reflejo de la dictadura que representa. La decadencia en todo su esplendor. Lo que si dejó, fueron profundas heridas y la habitual división en una comunidad, que lo ha visto todo, menos la justicia, al tratarse de Cuba.

Por eso es ridículo que escriban artículos para invitar a almorzar al trovador oficialista, patético llamarle: “el hermano Pablo Milanes” y predecible que el perenne fracasado candidato local se retrate saludándolo con visible emoción. Pero lo que si es doloroso, es que Carlos Alberto Montaner le dé la bienvenida en su blog ofreciéndole un apretón de manos.

Según Montaner, Milanés ha dicho tres cosas muy importantes, “Dijo que ya no deseaba cantarle a Fidel Castro, que no tiene inconveniente en dedicarles una canción a las Damas de Blanco, y que es un revolucionario crítico comprometido con el sistema socialista. ¡Bravo!.”

¿Bravo? Hemos de suponer que ya es difícil mantener la imagen de trovador izquierdista cuando se le dedica un concierto a un anciano dictador disfrazado de deportista. Definitivamente malo para el mundo moderno de las relaciones públicas. También dice no tener inconveniente en dedicarle una canción a las Damas de Blanco, pero no lo ha hecho, se apresuró en aclarar. El ser un “revolucionario crítico, comprometido con el sistema socialista”, son palabras sacadas de un discurso de Raúl Castro. Lo que sí ha firmado Pablo Milanés hace muy poco es una carta al Fiscal General de los Estados Unidos pidiendo la libertad de los cinco espías castristas, uno de ellos Gerardo Hernández, condenado a cadena perpetua por su participación en el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate. Lo que si le ha reiterado Milanés a Fidel Castro en una carta con motivo de su cumpleaños, es: “te prometo representarte a ti y al pueblo cubano como merece este momento: con unidad de coraje y ante cualquier amenaza o provocación. Un abrazo, Tu Pablo Milanés”.

¿Cómo se hace justicia después de tantos años? Con respeto a las víctimas y sobre todo como sentenció Jorge Mas Canosa tras el hundimiento del remolcador 13 de Marzo con niños a bordo: “Con la ira justificada de quien no puede contemplar en silencio un crimen”. La misma ira que hemos visto despertar recientemente en una multitud que gritaba “abusadores” a los esbirros que arrastraban a seis indefensas mujeres que protestaban pacíficamente en las escalinatas del Capitolio habanero o posteriormente enfrentados a los policías que agredieron a otro pequeño grupo en Cuatro Caminos.
Hace unos años, cuando comenzó el Memorial Cubano, digno esfuerzo de cubanos del exilio de simbolizar con cruces a las víctimas del régimen de los hermanos Castro y que en breve será un monumento permanente, caminé entre las cruces bajo una leve lluvia de esas que recuerda el llanto. Un campo santo erigido en el destierro, porque olvidar no es una opción y hay momentos que hacerlo envilece.

Allí estaba Eva Barba con su fragilidad y su eterno luto, abrazada a la cruz con el nombre de su hijo Pablo Morales, pulverizado en espacio aéreo internacional por Migs castristas junto a Carlos Costa, Mario de la Pena y Armando Alejandre. ¿Su crimen? Salvar balseros que huían de un régimen que no ha cejado en su esfuerzo de destruir vidas.

En aquel campo santo improvisado había tristeza y solemnidad y cabezas bajas. Vi a un hijo romper a llorar sin poder contener los sollozos al encontrar el nombre de su padre víctima como tantos miles que cayeron ante el paredón de fusilamiento. Entre las miles de cruces también figuraban los nombres de asesinados en las prisiones, de reventados a culatazos en los campos de trabajo forzado y de niños hundidos en el mar por una pandilla de rufianes que ejercen la represión en Cuba hace ya casi 53 años.
Algunos tienen la osadía de decir que hay odio en el exilio. Odio es el que se prestó a apretar los gatillos, a hundir remolcadores, a dar golpes y más odio aun albergan los que ciegamente los han seguido. Odio es disparar y acribillar a un joven ante el paredón de fusilamiento después del estremecedor grito de ¡Viva Cristo Rey!

Entre tantas vidas deshechas, vi el nombre de Helen Martínez, víctima a los seis meses de nacida, hundida junto al remolcador 13 de Marzo. “Violencia salvaje e innecesaria”, así lo denunció el Departamento de Estado Norteamericano. Así lo padecieron otros balseros y para evitar que los cubanos escaparan del país, tropas guarda fronteras han lanzado granadas y disparos con armas automáticas. Según el entonces Sub Secretario de Estado, Robert Gelbart ”sus cuerpos eran sacados del agua con garfios de pesca y con pinchos”.


Me detuve ante la cruz con el nombre de Pedro Luis Boitell. Sus palabras fluyeron en mi memoria: “Los hombres no abandonan la lucha cuando la causa es justa”. Renové mi compromiso con aquel líder estudiantil que no tuve el privilegio de conocer. Le aseguré que su ejemplo no ha muerto, porque existe un Jorge Luís García Pérez Antúnez, un Ángel Moya, un Oscar Elías Biscet y tantos otros que hoy siguen su ejemplo. Mas tarde moriría en una prolongada huelga de hambre en prisión, Orlando Zapata Tamayo.
Y llegué ante la cruz de Julio Antonio Yebra, fusilado a los 28 años en enero de 1961. En vez de una oración, repetí en voz baja un fragmento del poema de Carlos Alberto Montaner escrito la noche de su fusilamiento:

Los seis te dispararon a la cara.
Después vino el silencio
¡El silencio después del estallido
¿Por qué no hubo más ruido?
¿Por qué se enmudecieron todos los sonidos?
Oh Dios, ¿qué sucedió después del estallido?
Julio, hermano muerto
Te veré a la caída de la tarde
Como te vi aquella noche negra
A la caída de la sangre.
¡A la terrible caída de la sangre!
¿Cuándo se nos permitió olvidar? ¿Qué ha cambiado? ¿Cuál de los mal llamados reformistas ha alzado sus voces condenando las actuales brutales golpizas contra mujeres indefensas? Ninguno, como tampoco lo hicieron cuando Osmany Cienfuegos, ex ministro de turismo castrista, encerró a más de cien brigadistas en una rastra hermética y cuando le advirtieron que se asfixiarían respondió: “Mejor, así nos ahorramos las balas” Diez murieron asfixiados. Años después los inversionistas extranjeros estrechaban felices la mano del ministro asesino, para dar paso a los negocios con quienes fabricarían hoteles en Cuba, vedados a los cubanos. Ahora quieren que vayan cubanos y americanos para salvar la fracasada economía castrista y a eso le llaman cambios.

¿Quién, quien nos dice que tenemos que olvidar? Y tu mi querido y admirado Carlos Alberto Montaner, por lo que has visto, lo que has escrito y por la memoria de tu hermano Julio Antonio Yebra, en esta noche negra que no ha visto el amanecer, no debes, es que no puedes olvidar...

Prohibido Olvidar..

Sunday, August 28, 2011

“No te amilanes, Milanés”



GUITAFORA


 Por Ondina León


Pablo Milanés:


Tú pudiste haber sido un hombre bueno, pero te ha faltado el primer valor que un ser humano tiene que tener: el valor. Y no es que te hayan faltado oportunidades a lo largo de tu vida para alcanzar ese coraje ético.


Cuando estuviste en los campos de concentración de la UMAP, debiste tener el valor de reconocer que tu revolución era una dictadura represiva, que no respetaba ni el talento artístico ni la libertad de cultos religiosos ni mucho menos la diversidad en la identidad sexual. Pero no, preferiste buscar refugio debajo de la falda de Haydée Santamaría, esa misma “libertadora” que se ajustició, para poder seguir cantando, sobre todo a los represores y a los asesinos fotogénicos, como Ernesto Guevara, con la libertad de los siervos o los galeotes.


Durante el llamado “Quinquenio Gris” de la cultura (¿alguna vez ha sido luminosa una dictadura?), ¿cuántas veces alzaste tu voz contra la defenestración y el “ninguneo” de tantos intelectuales y artistas? ¿Tendré que recordarte casos y nombres? Seguro que no: tú los conoces muy bien, de cerca, a la mano...


Cuando las campañas bélicas del imperialismo castrista en África, a donde tu gobierno enviaba a nuestros compatriotas a morir, sobre todo a los negros, como nosotros, con el axioma elemental de “los cubanos ponen los muertos y los rusos, las armas”, ¿cuántas veces te rebelaste contra esta injusticia bárbara? Ninguna, que yo sepa, porque preferiste cantar “la gloria que se ha vivido”, esa que ha vestido al dictador de “legitimidad” y “respeto” ante las izquierdas del mundo.


Cuando en 1980, durante el carnaval de los vándalos castristas, que repudiaban con palos y piedras a los que querían huir de la pesadilla caribeña, tú, guitarra en mano, declarabas a voz en cuello “yo me quedo”, porque eres del Caribe y amas esa isla, que para ti no es una gran cárcel con barrotes de espuma de mar y tiburones guardianes. ¿Realmente no sentiste vergüenza de ser cubano en aquel entonces? Yo sí, y mucha, porque cuando un pueblo se envilece, Dios llora.


Y, más tarde, cuando en 1994 se produjo “El Maleconazo” y el éxodo (otro más) de miles de balseros, ¿no se te ocurrió preguntarte por qué Cuba se seguía desangrando en una espiral de desastres absurdos y maquiavélicos?


Y hoy, ¿no te preguntas por qué tu patria se ha convertido en otro Haití? ¿Ya les escribiste una canción a las Damas de Blanco, ahora que dices que hace falta libertad en tu tierra? ¿Cómo te juzgo, coterráneo? ¿Qué hacer, entonces?


Dentro de unos días darás un recital en Miami, conocida como la Capital del exilio cubano, y hay tremendo debate sobre si tienes derecho a presentarte o no, donde están refugiadas tantas víctimas del castrismo. Para mí está clarísimo que, en este enclave de libertad y democracia, todo el mundo tiene derecho a cantar, sea de izquierda, de derecha o castrista, como tú. Como también los cubanos debería tener el derecho y el deber de dejarte sin audiencia, a teatro vacío; o a parapetarse en otro recital con artistas libres, que te silenciaran con su música. Sin embargo, tristemente admito que sé que llenarás ese estadio, porque la mezcla de amoralidad y nostalgia aberrada, de irresponsabilidad histórica y egocentrismo, de frivolidad y desmemoria, que padecen muchísimos cubanos y otros tantos hermanos de América Latina, te garantiza la audiencia.


Yo no estaré allí ni te aplaudiré ese repertorio, que tienes que haber escogido muy bien, en otro ejercicio más de complicidad con el castrismo, para demostrar que “eres artista, no político”, como eructan esos colegas tuyos a los que no les importa Cuba y sus miserias. ¿De verdad tú crees que eres “progresista” y socialista? Deberías tener el valor de admitir que en Cuba no puede haber progreso real bajo la bota del castrismo, ese añejo sistema de patologías. Pero, claro, creo que tus vacaciones en Cancún, junto a tu esposa española, o el mojito que te tomas en tu residencia habanera con piscina, no te permiten pensar bien.


Me hubiera gusta mucho comenzar esta carta diciéndote “Querido Pablo”, pero reconozco que soy muy imperfecta y me cuesta la vida querer a alguien que le desea salud a un tirano sanguinario. Lo siento, Pablo, yo también soy Cuba, aunque apenas me reconozca a mí misma, desde que me desterraron a golpes de injusticias y de complicidades, como esta tuya, imperdonable.

 Publicado por JosEvelio.